Hubo un tiempo en el que los días pasaban de largo,
con miradas de cielo gris y nubes desteñidas.Y la soledad estaba sentada en una banca a la orilla del río,
como queriendo ahogarse.Un abismo abrió la boca goteando saliva en un hilo de luz.
Y un caos amenazaba arañando el interior.Ningún mar furioso pudo tragarse nuestro viaje,
llegamos a la misma orilla encima de diferentes olas.Ningún silencio pudo tragarse nuestras ganas.
Entonces una mano se aferró a la mudez del viento,
a la arena encendida.
Y el sol se diluía entre la nada.
Crepitaba.Llegamos a la cama y le partimos el rostro al viejo mundo
hasta dejarlo irreconocible.Y lo soltamos en un sendero desnudo que yace amordazado.
Sabe soñarse y canta gotas de lluvia.Ahora somos una tormenta de futuros,
un nuevo mundo creciendo desde el suelo de un sueño,
una canción que es un camino y no termina.
