Madrugada.

Edgar Ende: Rose im Sturm.

Edgar Ende: Rose im Sturm.

Tus muslos nevados
 serán palabras abiertas,
  y sentirás en mi lengua trémula
   algún pecado quemándose.

   Y en ellos habitan las ganas contenidas,
  ardiendo agitados
y con los dedos dibujándose.

Con la piel diremos todo y nada,
   y el sudor correrá
    como tiempo asustado.

    Y sobre la espalda probándote,
  apenas mordiendo suave,
provocando un mar de gemidos.

Cantaremos una guerra
  de cuellos y bocas,
   manos y cabellos,
    pieles y sábanas
      perdidas en sí mismas.

     Y en los labios beberemos fuego líquido,
    lamiéndonos con descaro
  y con las lenguas enredadas
 en besos deshilachados.

Que la saliva sea
 el idioma modesto
  con el que hablemos
    boca a boca.

    Que la carne palpite en sonidos estrechos
   y horizontes escondidos
  entre sus deseos.

Y nuestros cuerpos se volverán agua
    en una caricia última,
     despidiendo un aliento
   de orgasmo tibio,
     húmedo,
      denso.

  Y nuestras pieles temblarán abrazadas
 en una embestida íntima,
latiendo caricias vivas.

   Seremos un sueño de pupilas exactas,
    pisando la pérfida tela
     de una madrugada
     que se irá desnuda
     y sin nosotros.

        Seremos deseos encendidos,
       sembrándose con sabores turbios,
        descubriéndose cada noche
         una y otra vez.
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