Nacidos.

Fernando Prieto - Sin título.

Fernando Prieto – Sin título.

Nacidos  (Poema)

La herida gigante se ha desvanecido,
dejó de ser un monstruo aliabierto
para ser una espera calmante.

La espera se convirtió en una tormenta gigante.
Vorágine que nacía en mares azulinos.
Mareas que arrastran todo a su paso.

Y del amor racimado de futuro; crecieron muchas salidas.
Transamos el abismo hasta ser tela de cielo.
Fuimos la escalera y los pasos.

Y de los cuerpos incandescentes, brotó un hilo de voz;
sonido gutural que gritaba los tiempos caídos.
Y en ellos se dormía el horizonte.

La distancia es inaudible, es el único color que nos separa
y pocas veces duele en el centro de la mirada.
Espeja un todo que no es nuestro.

La espera es un río revuelto, de sus aguas nace el plenilunio.
Y en ella se dibujan cielos índigo,
con la boca llena de tiempo contenido.

No somos ni día ni noche, ni crepúsculo ni amanecer,
ni ceniza de tiempo ni cabeza de duda;
somos una verdad concebida de sangre sorda.

Las caricias ofrecerán su aire sibilino.
Y la distancia abrazará la silueta turgente de la noche.
Tocándola con vahídos.
Murmurándole.

Desde la ribera de cualquier noche
hasta el centro de cualquier luna;
seremos un torrencial de llegadas,
un sembradío de letras.

Y en los brazos del tiempo se agitarán airadamente las noches,
mordiendo la piel que se sabía latente
con la boca herida.

Ningún silencio maquinal cantará su cuerpo de frente,
ningún lamento turbador cortará nuestra única piel.
Somos una canción infinita.

Y la piel renacerá de las batallas fragorosas
difuminando la espera.
Y en los arenales del tiempo
crepitaran las veces que no fuimos.


  De este poema, nació ésta canción:

Nacidos

 

Lágrimas corrían por la herida de unas alas destruidas,
seducidas por abismos.

Cuando el tiempo se volvió tormenta,
un naufragio de perdones en el mar de cada uno.

Y el amor fue pintado de futuro,
le crecieron las salidas y salimos de lo turbio.

Fuimos la escalera y los pasos,
acercando en cada trazo, las palabras de un poema.
Y La voz de los tiempos caídos salió desde el horizonte,
la distancia fue un camino recorrido.

Y tu boca se llenó de tiempo contenido,
y mis ojos se volvieron lunas casi llenas.

Y no fuimos ni dia ni noche, ni búsqueda, ni miedo,
ni ceniza de una duda.

Fuimos la verdad nacida, que no sangra y camina,
y ha aprendido a respirar.

Las caricias de las letras fueron puente,
ahora la distancia miente,
se ha salido de su rol de amarga-vidas.

Y cada noche es una deuda pendiente,
gritaremos para siempre,
las palabras que sudamos por amor.

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